Boudica, contra Roma por la libertad

Representación de Boudica

Representación de Boudica

Hace 2000 años, una mujer britana de unos 30 años desafió al imperio romano. Borró del mapa ciudades romanas enteras y participó en una de las batallas más sangrientas de la historia británica, una batalla que sellaría el destino de las tribus britanas ¿Libertad u ocupación? Esta es la lucha de una mujer, madre y reina por la libertad de su pueblo:

Boudica (o Boadicea) debió nacer entre los años 26 y 30 d.C. Las fuentes coinciden en que era hija de aristócratas icenos. Los historiadores romanos dicen de ella lo siguiente: “Poseía una inteligencia más grande que la que generalmente tienen las mujeres. Era alta, de voz áspera y su mirada tenía un brillo feroz. De cabello pelirrojo hasta la cadera. Ataviada con una túnica de múltiples colores y un manto grueso ajustado con un broche. Siempre usaba un grueso collar de oro”. El collar de oro, o torque, entre las tribus celtas simbolizaba nobleza.

Estaba casada con Prasutagus, rey de los icenos. Los icenos eran una tribu celta que habitaba al este de Inglaterra, en lo que hoy sería Norfolk. Mientras su esposo vivió, Boudica desempeñó su papel de esposa y mujer en la sociedad celta. Los icenos estaban siempre preparados para la batalla, y las mujeres también eran instruidas en la lucha al igual que los hombres. Se conoce que Boudica tuvo al menos dos hijas, pudo haber tenido alguna más, lo que sí se sabe con seguridad es que no pudo darle un hijo varón a Prasutagus, algo que entre la nobleza icena no importaba, puesto que la realeza podía pasarse tanto a hijos como a hijas, más adelante este hecho sería el desencadenante del conflicto.

Mientras reinó Prasutagus los icenos no fueron un pueblo sometido por Roma. El emperador romano Claudio tenía como aliado a Prasutagus, que sabiendo el poder militar de Roma y ansiando siempre el bien de su pueblo, acordó una especie de vasallaje con los romanos, los icenos pagaban tributos a Roma y a cambio mantenían su independencia. Y salvando varios roces sin importancia, esto continuó hasta la muerte del rey iceno.

Boudica y sus hijas.

Boudica y sus hijas.

Prasutagus tuvo una vida larga y próspera, cuando murió, el poder pasó a manos de su esposa, la reina Boudica. Prasutagus había dejado testamento, sabía que si por su cultura fuera, la descendencia estaba asegurada, pero que a ojos de los romanos la realeza solo podía pasarse por línea paterna, es decir, a hijos varones. El rey, conocedor de la cultura romana, intentó en su testamento que se mantuviera la independencia de su pueblo, nombrando coheredero de su reino al emperador romano Nerón (sucesor de Claudio) junto a sus dos hijas.

Pero Roma no se conformó con esto y el testamento de Prasutagus fue ignorado, el reino fue anexionado al Imperio Romano. El fallecido rey debía dinero a Roma, el procurador romano Cato Deciano tuvo la tarea de cobrarlo; las tierras de los icenos y sus bienes fueron confiscados, los nobles fueron tratados como esclavos. La nueva reina Boudica no podía tolerar este abuso hacia su pueblo y el insulto hacia ella misma como reina. Se enfrentó a Cato que no tuvo piedad con ella, una mujer no tenía nada que hacer contra un romano ni contra Roma, así que la humilló ante su pueblo de la mejor manera que sabía. Ordenó que la ataran a un poste de madera y mandó azotarla. No contento con esto y queriendo desmoralizar aún más a los icenos y humillar más a la reina, mandó a dos soldados romanos que violaran a sus hijas. Esto, lejos de acobardar a Boudica, provocó que la reina, furiosa, se levantara contra los romanos.

El emperador Nerón, se había propuesto acabar con las tribus rebeldes que quedaban en Bretaña y decidió mandar a uno de sus mejores generales  Cayo Suetonio Paulino. La primera campaña que el general llevó a cabo fue la matanza de los druidas de la isla de Mona, al norte de Gales. Los druidas no sólo eran sacerdotes, también eran sabios y legisladores. Con este asesinato y la quema de los bosques sagrados, la moral de los pueblos celtas caería. Mientras esto ocurría, la reina Boudica se reunió con los Trinovantes, un pueblo vecino que también sufría el yugo romano. Tras elegir a Boudica como su líder, comenzaron a planear la rebelión.

Cayo Suetonio Paulino

Cayo Suetonio Paulino

El primer punto que el nuevo ejército celta, de 50000 hombres, atacó fue Camulodunum (actual Colchester), una colonia romana donde se habían establecido los soldados veteranos y donde se había construido un templo al emperador Claudio. Se dice que Boudica antes de la batalla usaba un método de adivinación consistente en soltar una liebre entre sus ropas y predecir el futuro de la contienda según la dirección en la que corría en animal. También que invocaba a Andraste, la diosa britana de la victoria. Sea como fuere, la victoria de Boudica sobre la ciudad de Camulodunum fue aplastante. El factor sorpresa hizo que los soldados que había en la ciudad tuvieran que pedir refuerzos, Cato sólo mandó 200 hombres, la ciudad estaba mal defendida. Aunque los romanos intentaron resistir en sólo dos días el ejército de Boudica había arrasado la ciudad, destruyendo todo lo romano a fuego y matando a hombres, mujeres, niños y ancianos. En el 60 d.C. Camulodunum había sido borrada del mapa.

Mientras se produce el ataque 3 mensajeros romanos de Camulodunum son enviados a avisar de lo ocurrido: El primero al norte, dónde se encontraba la Legión IX Hispana. El segundo a Londinium (actual Londres), donde se encontraba el procurador Cato Deciano. El último al general y gobernador Cayo Suetonio Paulino, que se encontraba en la Isla de Mona (Actual Anglesey). Las respuestas de los destinatarios no se hacen esperar.

Quinto Petilio Cerial, legado al mando de la Legión IX acude a socorrer la ciudad de Camulodunum con sus 2000 soldados. Pero la noticia de que la IX viene en camino para socorrer la ciudad llega a oídos de Boudica. La reina y sus hombres se esconden en una zona boscosa, sorprendiendo a la IX legión y aniquilándola. Sólo parte de la caballería y el comandante consiguieron escapar.

La respuesta de Cato Deciano fue muy distinta, sabiendo que el levantamiento había sido provocado por su avaricia, y temiendo que tras el agravio al que había sometido a la reina y sus hijas, ésta fuera a por él, puso tierra de por medio sin avisar y se marchó a la Galia.

Cayo Suetonio, al recibir el aviso se dirigió hacia Londinium sabiendo que Boudica se dirigiría a aquella ciudad. Cuando llegó, se enfureció al

Rutas de las distintas batallas de la rebelión

Rutas de las distintas batallas de la rebelión

saber que Cato había huido, dejando el problema en sus manos. Suetonio con dos legiones a su cargo aún seguía esperando refuerzos de la Legión II Augusta que no llegarían. Sus legiones, la XIV y la XX (10000 hombres), aún estaban a varios días de camino. Ante una superioridad numérica tan grande, Suetonio sabía que no podía defender Londinium con sólo un puñado de hombres. Dio orden a la población de abandonar la ciudad y se retiró al norte para reunir a sus tropas.

Boudica entró en Londinium y al igual que Camulodunum, la ciudad fue arrasada y quemada. Los habitantes que allí se habían quedado fueron masacrados. La ciudad de Londinium fue borrada del mapa y reducida a cenizas. La reina siguió a las tropas romanas y se dirigió al norte, deteniéndose en la ciudad de Verulamium, la tercera más grande de Gran Bretaña y arrasándola. El general Suetonio no pudo hacer nada por esta población.

Haciendo un alarde de estrategia militar, Cayo Suetonio encuentra una zona boscosa entre Londinium y Viroconium (actualmente Wroxeter en Shropshire), el terreno está rodeado de bosques, de tal forma que el ejército iceno no puede rebasar ni flanquear al romano. En estas condiciones Suetonio sí ve favorable la batalla, monta un campamento y se dispone a esperar a Boudica.

La superioridad de las tropas de Boudica frente a las romanas eran 5 a 1. El ejército de la reina era muy numeroso, pero también muy irregular. Combatían desde niños de 10 años a ancianos. No era un ejército profesional, era un pueblo combatiendo por sus derechos. Además no contaban más que con escudos como protección y armas como lanzas, espadas largas y cuchillos.

El ejercito de Suetonio, es más pequeño pero son disciplinados y profesionales, están entrenados para la guerra y teniendo en cuenta la protección y las armas que portan son una máquina de matar infalible. Cuando Suetonio vio llegar a las tropas celtas y observó que colocaban sus caravanas y carros tras ellos comprendió que la batalla estaba ganada. Sin saberlo, los celtas se habían cortado el paso hacia su única salida.

Representación de Boudica, llevando la pintura corporal de índigo azul de los icenos

Representación de Boudica, llevando la pintura corporal de guerra de los icenos, compuesta de pasta de índigo azul

Cuando la infantería celta atacó, el ejército romano sin romper su formación hizo caer una lluvia de lanzas sobre sus enemigos. Gran parte del ejército de Boudica fue diezmado al no poseer protección alguna los que fueron alcanzados por las lanzas murieron y los que las pararon con su escudo tuvieron que deshacerse de él puesto que había quedado inservible. Suetonio ordenó a sus soldados avanzar a paso lento pero sostenido, en una línea en forma de sierra dentada, cubriendo sus flancos con sus escudos. Totalmente desprotegidos y entre la confusión de la batalla, los celtas arremetieron contra las formaciones romanas, encajonándose en los “dientes” de esta formación de sierra. Las tropas britanas sabían combatir cuerpo a cuerpo, pero los romanos no entraban en ese juego. Manteniendo la formación los romanos fueron avanzando hasta acorralar al ejército de la reina contra sus propias caravanas. En su desesperación por huir, los britanos no sólo empujaron a los guerreros que avanzaban detrás sino a las mujeres, niños y ancianos que aguardaban el desenlace de la batalla en las cercanías de los carros. La avalancha que produjeron fue tal, que cerca de 40 000 murieron aplastados entre los combatientes en desbandada y los vehículos que impedían la retirada. Los romanos no tuvieron piedad, ni siquiera con embarazadas y niños.

En cuanto a Boudica, se sabe que no murió en la batalla. Tampoco fue apresada por los romanos, pero sabía que de un momento a otro podían hacerla prisionera y su final no habría sido nada agradable. Comprendiendo que todo había acabado y que había traído la desgracia a su pueblo, en un acto de honor Boudica se suicidó. Se desconoce por completo cual fue la suerte de sus hijas.

Tal fue el grado de violencia que los romanos aplicaron, que durante los cuatro siglos siguientes, la provincia se mantuvo en paz. La historia de Boudica, la reina icena que puso en jaque la ocupación romana de Gran Bretaña, una mujer con coraje, amada por su pueblo que prefirió morir de pie a vivir de rodillas.

Livia Drusila, el poder en la sombra

Livia nació el 30 de enero del año 58 a. C., hija de Marco Livio Druso Claudiano y su esposa Alfidia (hermana de un magistrado de origen plebeyo).  Se conoce poco de su infancia dado que esta gran mujer tomaría relevancia ya siendo adulta, se desconoce si tuvo hermanos aunque el diminutivo de Drusila (“la pequeña Drusa”) hace pensar que pudiera tratarse de una segunda hija.

Busto de Livia Drusila

Busto de Livia Drusila

En torno a 42 a. C. y con apenas 16 años, contrajo matrimonio (concertado por su padre) con Tiberio Claudio Nerón, un primo suyo de familia patricia. En ese mismo año su padre (que había participado en el asesinato de Julio César) se suicidó en Filipos junto con Casio y Bruto, los otros asesinos de Julio César, que fueron derrotados por Octavio y Marco Antonio.  Tras el asesinato de Julio César y el suicidio de sus asesinos se produjo una Guerra Civil, en la que los antiguos aliados Octavio y Marco Antonio, ahora se enfrentaban entre sí por el poder de Roma. Tiberio Claudio Nerón, marido de Livia, no dudó en luchar en el bando de Marco Antonio; la familia de Livia sobrevivió a la persecución y se encontró con Octavio 3 años más tarde, mientras el marido de Livia luchaba del otro bando.

En aquellos momentos, Livia ya tenía un hijo, el futuro emperador Tiberio, y estaba embarazada del segundo, Druso que llegaría a ser un gran general. La leyenda cuenta que Octavio, se enamoró perdidamente de ella, pues era una de las mujeres más bellas de su tiempo, y no dudó en divorciarse de su mujer para casarse con ella, el mismo día que su esposa Escribonia daba a luz a su primera hija, llamada Julia, recibió la noticia de que su marido quería divorciarse se ella. Livia, embarazada de Druso, por su parte hizo lo mismo y se divorció de su marido y padre de sus dos hijos. Tanto era el amor de Octavio por Livia que se casaron un día después de que sus divorcios fueran anunciados. Aparentemente, Tiberio Claudio Nerón estuvo de acuerdo en ello y fue a la boda. Livia tuvo la protección de su cuñada Octavia, hermana de Octavio, que no dudó en concederle títulos para protegerla de su exmarido. Después del suicidio de Marco Antonio tras la batalla de Accio en 31 a. C., Octavio no encontró más oposición a su ascenso al poder. Finalmente, y siempre con Livia a su lado, fue nombrado emperador de Roma con el título de Caesar Augustus, desde entonces fue conocido como Augusto. El nuevo emperador y su esposa fueron el modelo de referencia de pareja romana. Aunque Augusto sí estuvo enamorado de Livia, no está claro que ella también lo estuviera, que su hijo Tiberio y posteriormente sus nietos, bisnietos y tataranietos, fueran emperadores de Roma, parece el argumento más factible para que ella aceptara este segundo matrimonio. De cualquier modo, el matrimonio entre Livia y Augusto se mantuvo durante los siguientes 52 años, cabe destacar que Livia nunca tuvo hijos con Augusto y a la muerte de su primer marido se encargó de que Augusto se declarara tutor legal de estos, manteniéndolos como herederos.

Como emperatriz de Roma, siempre disfrutó del privilegio de ser la consejera de confianza de su esposo. A pesar de su riqueza y de su poder, Augusto y su familia siguieron viviendo modestamente en su casa de la colina del Palatino. Livia fue el modelo a seguir de la matrona romana: nunca llevó excesiva joyería ni vestidos pretenciosos, se ocupó de las labores domésticas y de su esposo -en ocasiones tejiendo ella misma sus ropas-, intervino activamente en política (algo muy poco común entre las mujeres romanas), siendo considerada la mano derecha del emperador Augusto.

Estatua de Livia Drusila deificada

Estatua de Livia Drusila deificada

Augusto permitió a Livia administrar sus propias finanzas y le dedicó una estatua pública. Livia tuvo su propio círculo de clientes y colocó a muchos de sus protegidos en puestos oficiales, incluyendo al abuelo de Otón y al mismo Galba. A la muerte de su esposo y tras las sospechosas muertes de otros miembros de la familia imperial que podían hacerle sombra, Livia logró que Tiberio, su hijo mayor, fuese investido emperador. Sin embargo cuando Livia murió, Tiberio recibió la noticia con frialdad, y no sólo no asistió a sus funerales, sino que prohibió que se le rindieran los honores correspondientes. No es de extrañar este trato por parte de Tiberio ya que nunca tuvo una buena relación con su madre. Livia desempeñó un papel vital en la formación de sus hijos Tiberio y Druso. El divorcio de su primer marido, padre de ambos, así como en el divorcio de Tiberio y Vipsania posteriormente, debido a la insistencia de Augusto (se cree que ella intervino activamente en este proceso) pudieron ser los motivos por los que Tiberio guardaba rencor a su madre, ya que él se vio obligado a abandonar a la mujer que amaba por consideraciones dinásticas.

Pese a todo esto Livia gozó de la popularidad del pueblo romano. Para ser más que la “mujer bonita”, como se describe en los textos antiguos, Livia se sirve de la imagen pública de la idealización de las cualidades femeninas romanas, una figura maternal y una diosa como la representación que alude a su virtud. Livia simbolizó el poder en la renovación de la República, tuvo un efecto espectacular en la representación visual del futuro de la mujer como ideal de honorable madre y esposa romana. Aunque después ha sido sospechosa del envenenamiento de muchos que pudieron hacerle sombra a su hijo Tiberio como futuro emperador, entre ellos del de su hijastra Julia. “Se escuchó el rumor de que, cuando Marcelo, sobrino de Augusto, murió en 23 a. C., no fue por muerte natural, y que detrás de esto se encontraba Livia” palabras de Dión Casio, un historiador de la época. Uno por uno, todos los hijos de Julia habían muerto prematuramente, Lucio y Cayo, a quienes Augusto había adoptado como hijos, con la intención de que fueran sus sucesores. Tácito y Dión Casio mencionan en sus obras estos rumores, pero Suetonio no hace mención de los mismos, ni hay pruebas suficientes para darlos por válidos.

Sea como fuere, dejó su eco en la historia romana, pues su nieto Claudio la divinizaría cuando llegó al poder y recibió los honores que no quiso darle su hijo Tiberio. Livia ha protagonizado numerosos libros y obras en nuestro tiempo.  En su novela “YO CLAVDIO”, Robert Graves ponía en boca de Claudio la frase “Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto”, y fuera o no exagerado, la influencia política de Livia sobre Augusto y sobre su hijo tras la muerte de éste, fue extraordinaria y no se volvería a repetir en la historia romana.