Livia Drusila, el poder en la sombra

Livia nació el 30 de enero del año 58 a. C., hija de Marco Livio Druso Claudiano y su esposa Alfidia (hermana de un magistrado de origen plebeyo).  Se conoce poco de su infancia dado que esta gran mujer tomaría relevancia ya siendo adulta, se desconoce si tuvo hermanos aunque el diminutivo de Drusila (“la pequeña Drusa”) hace pensar que pudiera tratarse de una segunda hija.

Busto de Livia Drusila

Busto de Livia Drusila

En torno a 42 a. C. y con apenas 16 años, contrajo matrimonio (concertado por su padre) con Tiberio Claudio Nerón, un primo suyo de familia patricia. En ese mismo año su padre (que había participado en el asesinato de Julio César) se suicidó en Filipos junto con Casio y Bruto, los otros asesinos de Julio César, que fueron derrotados por Octavio y Marco Antonio.  Tras el asesinato de Julio César y el suicidio de sus asesinos se produjo una Guerra Civil, en la que los antiguos aliados Octavio y Marco Antonio, ahora se enfrentaban entre sí por el poder de Roma. Tiberio Claudio Nerón, marido de Livia, no dudó en luchar en el bando de Marco Antonio; la familia de Livia sobrevivió a la persecución y se encontró con Octavio 3 años más tarde, mientras el marido de Livia luchaba del otro bando.

En aquellos momentos, Livia ya tenía un hijo, el futuro emperador Tiberio, y estaba embarazada del segundo, Druso que llegaría a ser un gran general. La leyenda cuenta que Octavio, se enamoró perdidamente de ella, pues era una de las mujeres más bellas de su tiempo, y no dudó en divorciarse de su mujer para casarse con ella, el mismo día que su esposa Escribonia daba a luz a su primera hija, llamada Julia, recibió la noticia de que su marido quería divorciarse se ella. Livia, embarazada de Druso, por su parte hizo lo mismo y se divorció de su marido y padre de sus dos hijos. Tanto era el amor de Octavio por Livia que se casaron un día después de que sus divorcios fueran anunciados. Aparentemente, Tiberio Claudio Nerón estuvo de acuerdo en ello y fue a la boda. Livia tuvo la protección de su cuñada Octavia, hermana de Octavio, que no dudó en concederle títulos para protegerla de su exmarido. Después del suicidio de Marco Antonio tras la batalla de Accio en 31 a. C., Octavio no encontró más oposición a su ascenso al poder. Finalmente, y siempre con Livia a su lado, fue nombrado emperador de Roma con el título de Caesar Augustus, desde entonces fue conocido como Augusto. El nuevo emperador y su esposa fueron el modelo de referencia de pareja romana. Aunque Augusto sí estuvo enamorado de Livia, no está claro que ella también lo estuviera, que su hijo Tiberio y posteriormente sus nietos, bisnietos y tataranietos, fueran emperadores de Roma, parece el argumento más factible para que ella aceptara este segundo matrimonio. De cualquier modo, el matrimonio entre Livia y Augusto se mantuvo durante los siguientes 52 años, cabe destacar que Livia nunca tuvo hijos con Augusto y a la muerte de su primer marido se encargó de que Augusto se declarara tutor legal de estos, manteniéndolos como herederos.

Como emperatriz de Roma, siempre disfrutó del privilegio de ser la consejera de confianza de su esposo. A pesar de su riqueza y de su poder, Augusto y su familia siguieron viviendo modestamente en su casa de la colina del Palatino. Livia fue el modelo a seguir de la matrona romana: nunca llevó excesiva joyería ni vestidos pretenciosos, se ocupó de las labores domésticas y de su esposo -en ocasiones tejiendo ella misma sus ropas-, intervino activamente en política (algo muy poco común entre las mujeres romanas), siendo considerada la mano derecha del emperador Augusto.

Estatua de Livia Drusila deificada

Estatua de Livia Drusila deificada

Augusto permitió a Livia administrar sus propias finanzas y le dedicó una estatua pública. Livia tuvo su propio círculo de clientes y colocó a muchos de sus protegidos en puestos oficiales, incluyendo al abuelo de Otón y al mismo Galba. A la muerte de su esposo y tras las sospechosas muertes de otros miembros de la familia imperial que podían hacerle sombra, Livia logró que Tiberio, su hijo mayor, fuese investido emperador. Sin embargo cuando Livia murió, Tiberio recibió la noticia con frialdad, y no sólo no asistió a sus funerales, sino que prohibió que se le rindieran los honores correspondientes. No es de extrañar este trato por parte de Tiberio ya que nunca tuvo una buena relación con su madre. Livia desempeñó un papel vital en la formación de sus hijos Tiberio y Druso. El divorcio de su primer marido, padre de ambos, así como en el divorcio de Tiberio y Vipsania posteriormente, debido a la insistencia de Augusto (se cree que ella intervino activamente en este proceso) pudieron ser los motivos por los que Tiberio guardaba rencor a su madre, ya que él se vio obligado a abandonar a la mujer que amaba por consideraciones dinásticas.

Pese a todo esto Livia gozó de la popularidad del pueblo romano. Para ser más que la “mujer bonita”, como se describe en los textos antiguos, Livia se sirve de la imagen pública de la idealización de las cualidades femeninas romanas, una figura maternal y una diosa como la representación que alude a su virtud. Livia simbolizó el poder en la renovación de la República, tuvo un efecto espectacular en la representación visual del futuro de la mujer como ideal de honorable madre y esposa romana. Aunque después ha sido sospechosa del envenenamiento de muchos que pudieron hacerle sombra a su hijo Tiberio como futuro emperador, entre ellos del de su hijastra Julia. “Se escuchó el rumor de que, cuando Marcelo, sobrino de Augusto, murió en 23 a. C., no fue por muerte natural, y que detrás de esto se encontraba Livia” palabras de Dión Casio, un historiador de la época. Uno por uno, todos los hijos de Julia habían muerto prematuramente, Lucio y Cayo, a quienes Augusto había adoptado como hijos, con la intención de que fueran sus sucesores. Tácito y Dión Casio mencionan en sus obras estos rumores, pero Suetonio no hace mención de los mismos, ni hay pruebas suficientes para darlos por válidos.

Sea como fuere, dejó su eco en la historia romana, pues su nieto Claudio la divinizaría cuando llegó al poder y recibió los honores que no quiso darle su hijo Tiberio. Livia ha protagonizado numerosos libros y obras en nuestro tiempo.  En su novela “YO CLAVDIO”, Robert Graves ponía en boca de Claudio la frase “Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto”, y fuera o no exagerado, la influencia política de Livia sobre Augusto y sobre su hijo tras la muerte de éste, fue extraordinaria y no se volvería a repetir en la historia romana.

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