El Antiguo Egipto, un trono reservado a hombres.

En los casi tres milenios de la historia del Antiguo Egipto ( aprox. 3000 a.c. – 30 a.c.), hay sólo cinco casos conocidos de reinas-faraón, tres de ellos asegurados y  dos no confirmados. Mujeres que llegaron a ostentar el título de faraón (representación del dios Horus en la tierra), reservado sólo a hombres. Para entender la historia de grandes mujeres en el Antiguo Egipto, es necesario primero, que conozcamos un poco más del contexto en el que estas mujeres de la realeza vivían:

Representación de un faraón.

En el mundo egipcio, la principal figura en la tierra era el faraón. Fueron considerados seres casi divinos durante las primeras dinastías (identificados con el dios Horus), a partir de la dinastía V también eran «hijos del dios Ra». Tras su muerte el faraón se fusionaba con la deidad Osiris (dios de la resurrección) por lo que adquiría la inmortalidad y una categoría divina, siendo entonces venerados como un dios más en los templos. Además de ser la representación de Horus en la tierra, eran considerados el nexo de unión con los dioses. Si imaginamos un reloj de arena: en la parte de arriba estarían los dioses; En la parte de abajo, donde la arena cae, estarían los mortales; y el pequeño cuello que une la parte superior con la inferior sería el faraón.

El faraón vivía en  palacio, separado de sus reinas, que residían en la Casa Jeneret (mal-llamada por algunos “harén”).  La Casa Jeneret  era la institución encargada de la educación de los príncipes y princesas del antiguo Egipto. Allí habitaban la madre del faraón, la Gran Esposa Real, las esposas secundarias y los hijos e hijas de todas las reinas y concubinas; se hallaba junto al palacio, independiente del edificio real (habitaciones residenciales del faraón), y poseía una gran importancia.

Representación de una Gran Esposa Real

Como compañeras del faraón, las reinas egipcias podían ostentar como cargo más alto, el título de Gran Esposa Real y por debajo de esta gran esposa, el faraón podía tener tantas mujeres como quisiera.

Es importante partir desde la perspectiva de que en la religión Egipcia existen muchos dioses, pero los principales se muestran en triadas, es decir grupos de tres dioses principales (padre, madre e hijo). Los antiguos faraones participaban en ciertas celebraciones, como encarnación propia del dios mayor de la triada (el padre), la Gran Esposa era la encarnación de la diosa madre de la triada, y el heredero varón de ambos participaba como dios hijo.

Dicho esto, las Grandes Esposas Reales eran garantías y principal apoyo del faraón durante su reinado. En otras palabras, la Gran Esposa y las demás mujeres del Faraón (todas princesas reales, princesas extranjeras o nobles, normalmente) eran necesarias para que continuaran existiendo estas “representaciones divinas en la tierra”. No es de extrañar que los faraones se casasen con las hijas de su antecesor (en muchos casos estas hijas eran sus hermanas o sus hermanastras) para poder ascender al trono. Se sabe de faraones que para conservar la descendencia pura se casaron con sus propias hijas.

Los hijos varones del faraón entraban en la línea de sucesión, por supuesto un hijo de la Gran Esposa Real, estaba por delante en la línea de sucesión, que el de otra reina, esposa secundaria, concubina, etc. Así la sucesión quedaba resuelta mediante un heredero masculino que podía no ser hijo de la Gran Esposa Real, sino de una reina de menor rango. Si el sucesor provenía de una reina de menor rango, se casaba con una hija de la Gran Esposa Real del faraón fallecido. El resto de hijos del faraón ocupaban cargos en la administración, como militares, sumos sacerdotes u otros cargos. Todos ellos formaban parte de la clase noble.

En cuanto a las hijas del faraón, todo iba en función de la condición de su madre. Si ésta era una reina, la hija podía heredar su cargo o vivir en soltería; y si eran hijas de una esposa secundaria o de una concubina, podían casarse con algún noble o residir en la casa Jeneret.

Así como veis era sumamente complicado que una mujer llegara a reinar como Faraón, o que ostentara algún cargo de poder. Si bien la civilización egipcia era más adelantada en otros temas referentes a la mujer que la civilización griega o romana, no lo era en lo que a sucesión real se refiere. En la próxima entrada de “Mujeres, en un mundo de hombres” contaremos la historia de una verdadera reina-Faraón, que ocupó el trono de Egipto durante muchos años, y fue portadora de prosperidad para su pueblo.

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