La Hora del Planeta

facebook-hp

La hora del planeta es una iniciativa tomada por la WWF, para concienciar sobre la importancia de frenar y tomar medidas contra el cambio climático. Para ello desde 2007 se elige una fecha y una hora, el la que todo el que quiera sumarse a la campaña por el planeta debe apagar las luces. Se trata de un pequeño gesto, apagar una luz para iluminar el planeta. Además, en la web: http://www.horadelplaneta.es/, podéis poner vuestro nombre antes de apagar la luz, y aparecerá una pequeña lucecita en la web con tu nombre. Si quieres ver cuantas personas se han sumado ya a esta iniciativa solo tienes que consultar los datos que allí aparecen.

Yo me sumo a la Hora del Planeta ¿Y tú?

Dido, la princesa fenicia que fundó y reinó en Cartago.

Elisa de Tiro, la reina Dido.

Elisa de Tiro, la reina Dido.

La fundación de grandes ciudades (como Roma) están plagadas de mitos, sin embargo detrás del mito de la fundación de Cartago, en el actual Túnez,  existe una historia veraz que es la de la reina Dido, también conocida como Elisa de Tiro. El relato de su vida se mezcla con la leyenda de un amor imposible.

Elisa nació en Tiro (ciudad fenicia) en el siglo IX a.c., era hija del rey Belo, también conocido como Muto. Tenía dos hermanos: Pigmalión, que heredó el trono de Tiro, y la pequeña Ana.

Al llegar Pigmalión al trono se hizo con todo el poder de la ciudad fenicia,  obligó a su hermana a casarse con Siqueo, un sacerdote del templo de Melkart (dios relacionado con Hércules) en Tiro. Pero la intención del nuevo rey no era la que su hermana Elisa se esperaba. Como sacerdote, Siqueo había conseguido reunir un vasto tesoro que Pigmalión envidiaba y pretendía poseer, el problema era que nadie más que el sacerdote conocía su paradero. Pigmalión creyó que la forma más fácil de averiguarlo era mediante el matrimonio de su hermana, aunque ella no sabría de estas intenciones hasta más adelante. Elisa no amaba a Siqueo, aunque se sabe que éste a ella sí y por ello acabó sintiendo especial cariño por él. Un tiempo después de su matrimonio, Pigmalión le comentó a su hermana que sería conveniente saber dónde se escondían las riquezas de Siqueo.

Entendiendo que había sido utilizada, Elisa receló de las intenciones de su hermano, por lo que urdió un plan para escapar de la codicia de éste. Sabiendo que el tesoro estaba enterrado en el jardín del templo, mintió a su hermano asegurándole que estaba debajo del altar.

Esa misma noche, Pigmalión envió unos sicarios a matar a Siqueo, su propio cuñado. Tras asesinarlo, comenzaron a cavar debajo del altar. Elisa viendo a su marido asesinado, corrió al jardín y desenterró el tesoro. Con él en su poder fue a por su hermana pequeña Ana  y pidió a  un séquito de doncellas que la acompañara. Con todas estas mujeres y ayudada por amigos de Siqueo que sabían de lo ocurrido, huyó de Tiro hacia África.

Elisa llegó a las costas nortes de África en el  830 a.C., allí encontró a los gétulos, una tribu de libios cuyo rey era Jarbas. Pidió hospitalidad y un trozo de tierra para instalarse en ella con su séquito. Jarbas, viendo al grupo de mujeres que la acompañaba,  le expuso que le daría tanta tierra como ella pudiera abarcar con una piel de buey. En un alarde de inteligencia, y a fin de que la piel abarcara la máxima tierra posible, Elisa la hizo cortar finas tiras y así consiguió rodear un extenso perímetro. Tras esto hizo erigir una fortaleza llamada Birsa, que más tarde se convirtió en la ciudad de Cartago o Qart-Hadašh (que en fenicio significaba “Ciudad Nueva”), sobre un promontorio existente entre el lago de Túnez y la laguna Sebkah er-Riana, que por aquel entonces desembocaba en mar abierto. Tras esto Elisa se nombró a sí misma Reina de la Ciudad Nueva y los indígenas africanos le dieron el nombre de Dido.

Poco sabemos de su reinado. Aunque conocemos su muerte, sobre la que hay dos versiones ya que en ellas es donde comienza a mezclarse la realidad con la leyenda:

Muerte de Dido

Muerte de Dido

En la versión más clásica, Jarbas (rey de los gétulos) quiere casarse con ella, pero Dido es todavía fiel al recuerdo del difunto Siqueo. Pensando que si rechazaba a Jarbas éste tomaría represalias contra ella y su nuevo pueblo, acepta el enlace, pero el día de la boda, antes de celebrarla, Dido se hunde un puñal en el pecho. Éste sería el modelo de los sacrificios que los cartagineses ofrecerían en el tofet en años posteriores.

La segunda versión, más mitológica, es la que aparece en la Eneida de Virgilio: Júpiter[1]  había mandado a Eneas a fundar una ciudad en el Lacio, que posteriormente se convertiría en la cuna de la poderosa Roma. Eneas, huyendo de Troya para cumplir esta misión,  llega a la costa de Cartago y conoce a Dido. La reina había jurado mantenerse fiel a su difunto marido Siqueo, pero nada puede hacer, alentada por su hermana Ana y rendida por la intervención de Cupido. Dido y Eneas se enamoran. Venus[2]  acuerda con Juno[3]  propiciar que Dido y Eneas se casen y reinen juntos en Cartago. Juno,  así lo deseaba por el rencor que tenía contra los troyanos desde la famosa Guerra de Troya, de este modo se vengaba de Troya, consiguiendo que Eneas nunca llegue a fundar la que en el futuro será la gloriosa estirpe romana. Venus, sabiendo cuál es el verdadero destino de su hijo, finge aceptar el trato para que los favores de Dido ayuden a su hijo. Así pues, Juno manipula los acontecimientos para que en Cartago se organice una cacería, durante la cual desata una tormenta que obliga a Dido y a Eneas a cobijarse en una cueva cuya entrada custodia un tronco. Esa noche yacen juntos, momento a partir del cual se recrean largamente en los placeres del amor y pasan un tiempo juntos. Ante el evidente retraso, Júpiter decide actuar y manda a Eneas un mensajero para que le recuerde que aquella no es la misión que él le ha encomendado, debe partir hacia Italia cuanto antes. El héroe, pese al dolor que le ocasiona, obedece la voluntad divina y deja Cartago. Eneas embarca con su gente y Dido corre a convencerle, en vano, de que permanezca a su lado. Pero siguiendo las órdenes del dios, finalmente le ve partir. Dido intenta olvidar a Eneas con la ayuda de su hermana Ana, pero es incapaz de hacerlo, por ello ordena levantar una gigantesca pira, donde se disponen la espada del héroe, algunas ropas suyas que habían quedado en palacio y el tronco del árbol que custodiaba la entrada de la cueva donde se acostaron por primera vez. Al amanecer, la reina subió a la pira y se hundió en el pecho la espada de Eneas. Tras su muerte, su hermana Ana, que había intentado disuadirla del suicidio, ordena a su vez prender la pira funeraria. Desde ese momento arranca el histórico odio de Cartago hacia Roma.

Sea cual fuere su final, tras su muerte fue venerada como una divinidad y la historia de esta reina que llegó a África como una exiliada y consiguió fundar la ciudad de Cartago la ha convertido en leyenda.

NOTA: En el posterior capítulo de la Eneida, cuando Eneas desciende al Infierno con ayuda de la Sybilla de Cumas, la encuentra vagando por los Prados Asfódelos, entre los muertos por amor. Comprendiendo entonces que la reina había cometido suicidio a su partida, trata de explicarle con gran pesar que él no quería abandonarla, que los dioses habían labrado así su destino. Pero el fantasma de Dido parece no poder escucharle y continúa su absorto camino tras la sombra de Siqueo.

 

[1] Rey de los dioses, equivalente a Zeus

[2] Diosa del amor y madre de Eneas

[3] Diosa del matrimonio, esposa de Júpiter y reina de los dioses. Odiaba a los Troyanos por sus ofensas hacia ella.

Siete lecciones de la vida:

1. Los verdaderos amigos son aquellos que permanecen cuando caes en lo más profundo y todos los demás se van.

bdcbcb93a6208a83bd713f55973e144c

Imagen de Mr Wonderful.

2. La familia no es aquella a la que te une la sangre, sino quien corresponde a tus buenos sentimientos y pelea contigo hasta el final. Ellos son quienes merecen entrar en tu corazón y por la puerta grande.

3. No debes dar explicaciones, quien te quiere no las necesita, quien no te quiere no te creerá, y los tontos no las van a entender.

4. Nadie pierde a nadie, porque nadie posee a nadie y esa es, en sí, la esencia de la libertad: Tener lo más importante del mundo, sin poseerlo.

5. Para cerrar tus heridas, has de tener el valor necesario para enfrentarlas.

6. Que ames a alguien es una cosa, que alguien te ame es otra. Pero que ames y te correspondan lo es todo.

7. Enamórate de la vida, porque es la única que no te va a dejar sin que antes lo hagas tú.

¡Muy buenas noches y dulces sueños!

Hatshepsut, la reina-faraona que inició una edad dorada.

En nuestra entrada de hoy inauguramos la sección por la puerta grande con una de las mujeres egipcias más importantes de todos

escultura-hatshepsut

Estatua de Hatshepsut.

los tiempos:

Hatshepsut, la reina-faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Reinó Egipto durante veintidós años (de  1490 a.C.-1468 a. C.) bajo el nombre de Maatkara Hatshepsut, llegó a ser la mujer que más tiempo estuvo en el trono de las “Dos Tierras”.

Hatshepsut, nació en Tebas durante el segundo cuarto del siglo XV a.c.  Su padre era el futuro Tutmosis I (que no era hijo directo del faraón y su Gran Esposa Real, por ello se casó con una hija del faraón ya mencionado y su Gran Esposa para poder gobernar), su madre la princesa Ahmose. Hatshepsut tuvo tres hermanos. Desgraciadamente sólo Hatshepsut y su hermana Neferubity (que moriría joven) llegarían a edad adulta. Tuvo además hermanastros, fruto de las relaciones de su padre con esposas secundarias y concubinas.

Su padre vió en ella algo que no veía en los hijos varones que había tenido con otras esposas menores. Hatshepsut era hija del Faraón y su Gran Esposa Real, por lo que era puramente de sangre real. El faraón Tutmosis I podría haber nombrado heredero a alguno de sus hermanastros, algo muy común, ya que sólo los varones podían ser faraón, aún así la nombró heredera.

Cuando Hatshepsut contaba aproximadamente con 12 años, su padre murió, y aunque era la heredera nombrada por su padre, coronaron faraón a uno de sus hermanastros, Tutmosis II. Ineni, un hombre que ocupaba un cargo en el gobierno, fue quien se encargó de que esto sucediera. El nuevo faraón, al ser hijo de una reina secundaria no era de sangre puramente real, y por tanto no podía reinar sin casarse con una hija pura del faraón anterior. Así, Hatshepsut se vió relegada a convertirse en la Gran Esposa Real  de su hermanastro Tutmosis II, se cree que este fue un duro golpe a su orgullo.

La joven reina era descendiente directa de los grandes faraones  y además ostentaba el importantísimo título de “Esposa del Dios”, lo que la hacía portadora de la sangre sagrada de la reina Ahmose. Es lógico que no soportase muy bien la idea de entregarse a su marido. Pero Tutmosis II era un hombre débil, tanto en salud como en carácter, por todo esto, muchos piensan que aunque el faraón era Tutmosis, quien gobernaba en la sombra no era otra que Hatshepsut. Aprovechando esta debilidad de su marido, la reina se fue rodeando de personas que apoyaban su causa, los más importantes eran Hapuseneb y  Senenmut. La Gran Esposa Real se había convertido en un peligroso oponente, para desgracia del visir Ineni.

hatshepsut2

Esfinge con el rostro de Hatshepsut.

Tutmosis II tuvo un reinado muy breve, y murió tres años más tarde, cuando Hatshepsut contaba con 15-20 años. A la muerte del faraón, la Gran Esposa Real Hatshepsut  sólo había conseguido darle una hija, Neferura; el único heredero varón del rey difunto, era un niño que había concebido con una concubina. Una vez más Ineni se salió con la suya al conseguir que la nobleza considerara a este niño como único heredero, por lo que fue coronado como Tutmosis III. Al no tener sangre real pura, la única forma de legitimar totalmente su ascenso al trono, era casar al nuevo faraón (aún niño) con la hija de Hatshepsut. Pero esta vez la reina no tenía intención de dejar que la historia se repitiera. Aprovechando que el nuevo faraón aún era demasiado pequeño, la reina asumió la regencia, y se encargó de ir posponiendo indefinidamente el enlace del faraón con Neferura.

En los primeros años del reinado de Hatshepsut, ella misma se encargó de echar de la escena política a Ineni para siempre. Elevó a altos cargos a aquellos que durante el reinado con su marido, la habían apoyado, su amigo y aliado Hapuseneb fue nombrado sumo sacerdote de Amón. Con sus aliados en el poder, Hatshepsut tenía ahora los medios y el apoyo suficientes para ascender al trono, como quiso su padre.

A los aprox. 22 años, la “Gran Esposa Real” y “Esposa del Dios” Hatshepsut, en presencia de Tutmosis III, se proclamó faraón de las Dos Tierras. Para legitimarse aún más ante el pueblo, también se declaró primogénita de Amón; La reina profesó que su padre era el dios Amón, que había concebido con su madre Ahmose a una mujer, para ser su representante en la tierra. Los sacerdotes de Amón dieron su aprobación, encabezados por Hapuseneb. La estrategia de la nueva reina-faraona de Egipto, unido al precio que pagó a los sacerdotes de Amón, le garantizó el apoyo de este colectivo durante todo el reinado. El joven Tutmosis con sólo 7 años, no pudo hacer otra cosa que admitir la superioridad de su tía y madrastra. Así Hatshepsut, se convertía en la tercera reina-faraón de la historia, y la que más tiempo conservó el trono.

A partir de entonces la ahora reina-faraón, asumió los atributos y títulos masculinos de los faraones, haciéndose representar como hombre y usando barba postiza. Estableció una corregencia con Tutmosis III, con un predominio claro de Hatshepsut sobre Tutmosis, relegando al faraón al segundo plano. A pesar de esto, no fue una usurpadora, no provocó una guerra civil, ni confinó en ningún lugar a Tutmosis III. Todo se trató de un golpe maestro, a partir del cual sutilmente una mujer consiguió elevarse al mayor cargo egipcio, solo reservado para hombres.

La reina-faraón Hatshepsut dedicó gran parte de su reinado a embellecer el país, restaurar templos, borrar los daños ocasionados por guerras anteriores, edificó la llamada Capilla Roja del enorme templo de Amón en Karnak y, de las canteras de Asuán, mandó hacer los obeliscos más grandes que se habían erigido en Egipto hasta entonces, y los llevó a Karnak decorados con una aleación de oro y plata. No hubo guerras durante su reinado, aunque hubo 6 campañas militares.

templo de hatshepsut

Templo de Deir el-Bahari; edificado por Senenmut y encargado por Hatshepsut.

Hatshepsut escogió el paraje de Deir el-Bahari para edificar su templo de millones de años, y encargó la tarea a su arquitecto favorito, Senenmut. El templo de Hatshepsut es una de las joyas del Antiguo Egipto conocido por aquel entonces como el Dyeser-Dyeseru (el sublime de los sublimes). Se sospecha que Hatshepsut pudo tener un romance con Senenmut, su arquitecto favorito. En el templo que construyó, en un sector sellado como una caja en la pared se puede observar por un lado a Hatshepsut en actitud amatoria y a Senenmut en la otra cara, como receptor de la pose amatoria de la reina. Esta clase de relación le estaba prohibida a la reina por su linaje. Cabe destacar que quien visita a día de hoy el templo siempre comenta que siendo egipcio, tiene algo que otros templos no tienen, los historiadores más románticos aseguran que esto se debe a que Senenmut hizo este templo, no como encargo de la reina, sino como regalo y homenaje eterno a su amada. La reina, también demostró tener mucha cercanía con su arquitecto pues confió también a este hombre el cuidado de Neferura, a la que educó para que la sucediera.

Sin embargo, fue a raíz de la finalización del templo de Deir el-Bahari, sobre el año 15-16 de su reinado, cuando la suerte de Hatshepsut comenzó a menguar a favor de la de Tutmosis III. El joven rey cada vez ansiaba más el poder a cualquier precio. En apenas de un año el sacerdote de Amón y amigo de la reina Hapuseneb falleció, como también lo hizo Senenmut. Además, la esperanza de la reina, su hija Neferura, también murió al poco tiempo. Tras tantos golpes, la reina-faraón dolida, se retiró parcialmente del cargo. Tutmosis III, comenzó a tomar las riendas del gobierno.

La ambición de Hatshepsut era aún más grande y no estaba satisfecha con ser “faraón”, sino que se proponía inaugurar una auténtica dinastía femenina de reinas-faraón, y por esa razón declaró “Heredera” a su amada hija Neferura. La muerte de la princesa fue tan repentina y favorable a Tutmosis III que hay quien piensa que fue intencionada, y que consiguió su objetivo: derrumbar a la reina-faraón.

Hatshepsut murió en su palacio de Tebas tras un largo reinado de 22 años, abandonada por todos. Tenía entre 40 y 50 años. La reina, padeció de una avanzada osteoporosis y un cáncer maligno en la zona del abdomen que se le pasó al hueso de la cadera; además había contraído una infección en las encías, que bien pudo provocar una infección en la sangre como causa más probable de su muerte. Pasó largos meses de intensos dolores y fiebres.

A su muerte, Tutmosis III se convirtió en un gran faraón. El nombre de Hatshepsut y el de Senenmut fueron borrados sistemáticamente de los anales y edificios egipcios por Tutmosis III, quien al no haberse casado nunca con la hija de Hatshepsut, intentó borrar a esta reina de la historia para hacer parecer que él era el único hijo y por tanto portador de la sangre real de los antiguos faraones. Así conseguía asegurar el futuro de sus hijos.

La historia de esta extraordinaria mujer, que marcó el inicio de una edad dorada de Egipto, y que después de años de intrigas, toma un tinte trágico con la muerte de su “amante” Senenmut, su amigo y aliado Hapuseneb, y su hija Neferura. Apagada toda esperanza de continuar su linaje, tras su muerte fue sometida a esa especie de “olvido” por el hombre que volvió a ocupar el trono. Aun así, su legado y sus construcciones, pueden verse hoy en día como grandes maravillas de Egipto, son los monumentos más visitados por los turistas. Amasó la mayoría de las riquezas que más adelante heredaría el famoso Tutankamón, y pretendió crear la primera dinastía de faraones mujeres, en un mundo de hombres.

NOTA: Aunque se sospecha que Senenmut fue asesinado por Tutmosis III y no se ha encontrado su momia, su tumba si es conocida, contiene numerosas pinturas y jeroglíficos de la reina, y está justo al lado del templo de Deir el-Bahari, para muchos esta es la declaración de amor del arquitecto que quería reposar eternamente cerca del templo de su amada.

El Antiguo Egipto, un trono reservado a hombres.

En los casi tres milenios de la historia del Antiguo Egipto ( aprox. 3000 a.c. – 30 a.c.), hay sólo cinco casos conocidos de reinas-faraón, tres de ellos asegurados y  dos no confirmados. Mujeres que llegaron a ostentar el título de faraón (representación del dios Horus en la tierra), reservado sólo a hombres. Para entender la historia de grandes mujeres en el Antiguo Egipto, es necesario primero, que conozcamos un poco más del contexto en el que estas mujeres de la realeza vivían:

Representación de un faraón.

En el mundo egipcio, la principal figura en la tierra era el faraón. Fueron considerados seres casi divinos durante las primeras dinastías (identificados con el dios Horus), a partir de la dinastía V también eran «hijos del dios Ra». Tras su muerte el faraón se fusionaba con la deidad Osiris (dios de la resurrección) por lo que adquiría la inmortalidad y una categoría divina, siendo entonces venerados como un dios más en los templos. Además de ser la representación de Horus en la tierra, eran considerados el nexo de unión con los dioses. Si imaginamos un reloj de arena: en la parte de arriba estarían los dioses; En la parte de abajo, donde la arena cae, estarían los mortales; y el pequeño cuello que une la parte superior con la inferior sería el faraón.

El faraón vivía en  palacio, separado de sus reinas, que residían en la Casa Jeneret (mal-llamada por algunos “harén”).  La Casa Jeneret  era la institución encargada de la educación de los príncipes y princesas del antiguo Egipto. Allí habitaban la madre del faraón, la Gran Esposa Real, las esposas secundarias y los hijos e hijas de todas las reinas y concubinas; se hallaba junto al palacio, independiente del edificio real (habitaciones residenciales del faraón), y poseía una gran importancia.

Representación de una Gran Esposa Real

Como compañeras del faraón, las reinas egipcias podían ostentar como cargo más alto, el título de Gran Esposa Real y por debajo de esta gran esposa, el faraón podía tener tantas mujeres como quisiera.

Es importante partir desde la perspectiva de que en la religión Egipcia existen muchos dioses, pero los principales se muestran en triadas, es decir grupos de tres dioses principales (padre, madre e hijo). Los antiguos faraones participaban en ciertas celebraciones, como encarnación propia del dios mayor de la triada (el padre), la Gran Esposa era la encarnación de la diosa madre de la triada, y el heredero varón de ambos participaba como dios hijo.

Dicho esto, las Grandes Esposas Reales eran garantías y principal apoyo del faraón durante su reinado. En otras palabras, la Gran Esposa y las demás mujeres del Faraón (todas princesas reales, princesas extranjeras o nobles, normalmente) eran necesarias para que continuaran existiendo estas “representaciones divinas en la tierra”. No es de extrañar que los faraones se casasen con las hijas de su antecesor (en muchos casos estas hijas eran sus hermanas o sus hermanastras) para poder ascender al trono. Se sabe de faraones que para conservar la descendencia pura se casaron con sus propias hijas.

Los hijos varones del faraón entraban en la línea de sucesión, por supuesto un hijo de la Gran Esposa Real, estaba por delante en la línea de sucesión, que el de otra reina, esposa secundaria, concubina, etc. Así la sucesión quedaba resuelta mediante un heredero masculino que podía no ser hijo de la Gran Esposa Real, sino de una reina de menor rango. Si el sucesor provenía de una reina de menor rango, se casaba con una hija de la Gran Esposa Real del faraón fallecido. El resto de hijos del faraón ocupaban cargos en la administración, como militares, sumos sacerdotes u otros cargos. Todos ellos formaban parte de la clase noble.

En cuanto a las hijas del faraón, todo iba en función de la condición de su madre. Si ésta era una reina, la hija podía heredar su cargo o vivir en soltería; y si eran hijas de una esposa secundaria o de una concubina, podían casarse con algún noble o residir en la casa Jeneret.

Así como veis era sumamente complicado que una mujer llegara a reinar como Faraón, o que ostentara algún cargo de poder. Si bien la civilización egipcia era más adelantada en otros temas referentes a la mujer que la civilización griega o romana, no lo era en lo que a sucesión real se refiere. En la próxima entrada de “Mujeres, en un mundo de hombres” contaremos la historia de una verdadera reina-Faraón, que ocupó el trono de Egipto durante muchos años, y fue portadora de prosperidad para su pueblo.

Una de cal y otra de arena en Adóptame.

FISÓN, el pequeño de la camada que ya se ha recuperado.

FISÓN, el pequeño de la camada que ya se ha recuperado.

NALA, la pequeña que ahora está enferma.

NALA, la pequeña que ahora está enferma.

Esta semana hemos sabido que la podenquita que estaba abandonada en el solar ya ha sido adoptada ¡No sabéis cuanto nos alegramos por ella que va a poder ser mami en un hogar cómodo y calentito!

Pero como no todo podía ser bueno, el día de Andalucía recogimos a 4 pequeñines, cruces de pastor (y mastín, creemos), 3 hembras y un macho, preciosos todos. Venían en buen estado pero habían comido lo que le proporcionaban los niños en el parque donde fueron abandonados, desde pienso para adultos hasta salchichas. Por lo que se ve sus pequeños estomaguitos no han aguantado bien esas comidas para perros más mayores y el macho Fisón, enfermó. Tuvo una gastroenteritis vírica que hubo que curar a base de inyecciones y tratamientos rectales. Hoy está recuperado y jugando con sus hermanitas, pero ahora es una de ellas Nala, la que ha enfermado.

Los gastos de Fisón suponen para nosotros una deuda de 188€ y se estima que los de Nala sean por el estilo. No sabíamos como pagarlo y hemos buscado en todos los rincones las mejores alternativas, puesto que los estatutos están ya en marcha y para Semana Santa esperamos estar constituidos por fin, no podemos acceder a ayudas del gobierno. Aún así, la suerte nos ha vuelto a sonreír, y este fin de semana todas las chicas Adóptame estaremos trabajando en un bar del Aljarafe, entreteniendo a niños y mayores, por lo que iremos recibiendo un dinero que nos permitirá cubrir todos estos gastos.

Iremos dando más datos según podamos programarlo todo, esperamos vuestra asistencia y que apoyéis esta iniciativa, no por nosotras, sino por ellos que nos necesitan

¡Muy buenas noches y que tengáis una buena semana!